Moher Cliffs

Acantilados de Moher

Los Acantilados de Moher están, en realidad, bastante alejados de Dublín (en el extremo opuesto de la isla). Sin embargo, dado que se trata de uno de los parajes naturales más impresionantes de Irlanda, muchos visitantes aprovechan que están en la isla para acercarse a visitarlos en excursiones de uno o dos días.

Y es que los Acantilados son, sin duda, uno de los mayores atractivos naturales de la Isla Esmeralda. Sus paredes oscuras cayendo a plomo sobre el Atlántico ofrecen una mezcla de colores y una sensación de lucha entre la tierra y el mar que no puede dejar a nadie indiferente.

Los Acantilados de Moher (Cliffs of Moher, en inglés) son una visita imprescindible para quien acude a Irlanda. Que nadie espere grandes monumentos, los Acantilados de Moher son únicamente un paisaje natural; pero uno de los más bellos que se puede encontrar en Europa, que fue candidato incluso a formar parte de las 7 Nuevas Maravillas de la Naturaleza.

Llegar a los Acantilados de Moher desde Dublín

Ir de Dublín a los Acantilados de Moher es una excursión larga, pero que merece la pena. Desde Dublín podemos hacerla en un día o, mejor aún, en dos alojándonos en Galway o en sus alrededores, para poder descubrir otras zonas de Irlanda.

Si vamos en un día, las combinaciones de transporte público son escasas y duran bastante tiempo (tendríamos que ir a Galway y de allí tomar transporte público local), con lo que lo más fácil es contratar alguna excursión organizada de un día como ésta o alquilar un coche -teniendo en cuenta que se conduce por la izquierda y que la última parte del recorrido es una carretera de costa con muchas curvas-.

En este artículo os damos más ideas sobre cómo ir de Dublín a los Acantilados de Moher en un día.

La inmensidad de los Acantilados de Moher

Los acantilados son, en general, algunos de los paisajes naturales que más me impresionan y, entre los que he conocido, los Acantilados de Moher tienen que ocupar por méritos popios un lugar de privilegio. Son ocho kilómetros de acantilados sobre el mar– no rectos, sino con pequeños entrantes y salientes de la línea de costa- con alturas que alcanzan los 214 metros y con algunos pequeños fragmentos de roca aisladas frente a ellos, pero ya en mitad del mar. Los Acantilados de Moher son un despliegue de tres colores– el verde de la hierba que se aprecia en su parte alta, el negro de la rocas que lo forman y el azul del mar- y dos sonidos -el del mar y el de las miles de aves que anidan en ellos-.

Hay dos formas principales de ver los Acantilados de Moher: desde lo alto -en la zona reservada al centro de visitantes-, y desde el mar -con un barco que hace un recorrido de aproximadamente una hora por los acantilados-. Personalmente, después de haber vivido las dos experiencias, recomendaría que se recurriera a las dos para garantizar una visita completa, ya que la perspectiva e impresiones cambian totalmente si se hace desde uno u otro punto.

Por decirlo de algún modo, contemplar los Acantilados de Moher desde la parte alta nos da una vista global de toda la zona, una panorámica especial; mientras que desde el barco no podemos apreciar tan bien esa dimensión global, pero tenemos acceso a los detalles, a sentirnos dentro del acantilado y también a disfrutar de las aves y otros detalles que nos pasan desapercibidos desde arriba.

Los Acantilados de Moher en barco

Nuestro recorrido por los Acantilados de Moher comenzó en el mar, subidos al barco de Doolin2Aran Ferries que realiza una excursión por los acantilados de cerca de una hora -por cierto que desde Doolin también se puede llegar a las cercanas islas de Aran, interesantes también para una excursión-. El viaje es relativamente cómodo. Si el día está soleado, en la cubierta superior hay una zona de asientos; pero si no, la parte inferior tiene una sala cubierta con butacas cómodas y una pequeña zona de acceso desde donde se pueden contemplar o fotografiar los acantilados sin mojarse.

Acantilados de Moher

Acantilados de Moher vistos desde el mar con la roca Great Raven en primer plano

El viaje en barco nos permite contemplar los Acantilados de Moher desde el mar y apreciar los detalles de sus diferentes zonas que desde la altura de la vista superior no podemos distinguir, como los diferentes salientes de las rocas que forman el acantilado y las aves que viven en ellas. O, también, es la única posibilidad de ver de cerca algunas de las rocas que sobresalen sobre el mar -como las conocidas como Great Raven y Little Raven-, frente a los acantilados, donde se puede disfrutar de ver a las aves que anidan en él desde muy cerca y escuchar el sonido que producen.

aves

Algunas de las muchas aves que anidan en los Acantilados de Moher

Los Acantilados de Moher desde lo más alto

Posteriormente nos dirigimos hacia la parte alta de los Acantilados de Moher, que es la zona más frecuentada por los turistas y donde se encuentra el centro de visitantes. Allí podremos conocer algo más sobre qué son, cómo se formaron y qué fauna habita en ellos antes de salir hacia los caminos señalizados y los miradores desde los que podremos tener vistas de varias zonas de los acantilados.

Desde el Centro de Visitantes de los Acantilados de Moher tenemos unos 10 minutos de camino hacia los miradores del extremo sur, donde tendremos buenas vistas de las colonias de aves y de la Goat Island -donde anida una colonia de los curiosos pájaros con el pico naranja y redondeado conocidos como frailecillos o “puffin” en inglés- y desde allí podemos recorrer el camino señalizado hacia el norte, para llegar a la Torre O’Brien, donde -para mi gusto- tenemos las vistas más completas desde la parte alta del acantilado y podemos ver también con más detalle la roca del Great Raven y, si el tiempo lo permite, las islas de Aran.

acantilados irlanda

Vista de los Acantilados de Moher desde la Torre O’Brien

Las oportunidades para los aficionados a la fotografía- tanto desde el mar, como desde lo alto de los acantilados- son excepcionales.

Y, en lo que se refiere al tiempo, dejadme ser un poco raro. Nuestro viaje estuvo acompañado en todo momento por la lluvia y el viento. A posteriori, después de haber vuelto a Galway completamente empapado, puedo decir que no lo cambiaría por el día más soleado. Me parece el tiempo ideal para ilustrar el color verde de las alturas, la sensación agreste de los Acantilados de Moher y la presencia constante del mar. Contad, simplemente, con llevar ropa seca y bien protegida para cambiaros después de la visita y preparaos para disfrutar de una experiencia irlandesa completa.

Y si preferís viajar desde Dublín, esta visita de un día a los Acantilados de Moher y la ciudad de Galway os permite disfrutar en pocas horas de algunos de los paisajes naturales más bellos de Irlanda.

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